En el marco del 25N, en la Emakumeon Etxea de Zumaia, junto a Malen Etxea, presentamos el cortometraje Después del Patriarcado.
Un espacio lleno de fuerza, preguntas y convicción colectiva.
Hoy queremos recordar algo que demasiadas veces se intenta borrar:
los derechos de las mujeres nunca fueron un regalo. Fueron una conquista.
Y toda conquista puede retroceder si no la defendemos.
Vivimos un tiempo en el que discursos reaccionarios intentan frenar o revertir avances que costaron décadas, incluso siglos.
Por eso la lucha feminista no es pasado: es urgente, actual y absolutamente vigente.
Cuando hablamos de feminismo, hablamos de una genealogía de mujeres que enfrentaron al poder para ampliar la libertad humana.
Recordamos a las que abrieron camino en contextos hostiles:
- A las sufragistas perseguidas por exigir el voto.
- A las mujeres de la resistencia antifascista.
- A las defensoras de derechos humanos perseguidas en todos los continentes.
- A maestras, campesinas, sindicalistas que exigieron tierra, educación y justicia.
Y también a las mujeres de hoy, que siguen siendo castigadas por ejercer derechos reconocidos:
Como Belén, encarcelada en Tucumán por un aborto espontáneo.
Como las mujeres iraníes que gritan jin, jiyan, azadî.
Como las afganas que resisten al borramiento de su humanidad.
Como las periodistas mexicanas que denuncian feminicidios a riesgo de sus vidas.
Como Berta Cáceres y Marielle Franco, silenciadas por su lucha.
Como miles de mujeres anónimas, cuyas vidas quedaron marcadas por violencias que aún persisten.
La lucha feminista sigue viva porque las violencias siguen vivas.
Y porque cada intento de retroceso revela un miedo profundo a lo que ya logramos:
educación, derechos sexuales y reproductivos, acceso al espacio público, a la palabra y al poder.
Después del patriarcado imagina ese “después” como un acto de rebeldía y esperanza.
Un mundo sin jerarquías basadas en el sexo no es una utopía: es una responsabilidad histórica.
Gracias a todas las que llenaron la sala, a las autoras, a las jóvenes, a las mujeres migradas, a las vecinas de Zumaia que siguen construyendo comunidad feminista cada día.
Seguimos.
Porque no podemos —ni queremos— volver atrás. 


